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jueves, 16 de junio de 2011

Portugal: el paraiso de los dulces


La cocina portuguesa es excelente, económica y abundante y los portugueses son golosos! Sus especialidades incluyen al menos unos doscientos tipos de pasteles. Este gusto a los dulces nacionales parece haberse originado durante la ocupación musulmana, y en el siglo XV estaba ya la caña de azúcar plantada en Madeira. Más tarde, en el siglo 17 y 18, los conventos se hicieron famosos por sus pasteles como lo demuestran los nombres de sus especialidades: “toucinho do Céu”, "manteca de Dios", o “barriga de Freiras” -vientre de monja-. En  la Costa da Prata,  zona al norte de Lisboa, destaca sin duda el Pao de Lo de Alfeizeräo-una freiguesía de Sao Martinho do Porto-  que es un riquísimo bizcocho esponjoso con un poco de merengue hecho sobre una base de huevos, azúcar y harina de trigo que también se conoce como pastel de esponja en los países de habla inglesa o pastel de España en Italia. También destacan los postres de Caldas da Rainha donde son muchos los dulces tradicionales que se pueden saborear como las 'trouxas de ovos,'  aunque los más populares son, sin duda, las famosas “cavacas”. El origen de esta receta es incierto, pero la venta de esas galletas finas de Caldas es conocida en la ciudad desde finales del siglo XIX. Tampoco hay que olvidar los ovos moles, dulce que se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad portuguesa de Aveiro y que fueron creados por las monjas del Convento de Jesús, actualmente convertido en el Museo de la ciudad. En este convento, fundado en 1458, vivió hasta su muerte la princesa Santa Joana, hija del Rey de Portugal Afonso V, que posteriormente fue beatificada por el Papa Inocencio XII en el año 1693, debido a las curaciones milagrosas que realizaba. Las monjas no consumían huevos en señal de abstinencia, por lo que utilizaban azúcar para conservarlos, dando así origen a los ovos moles (literalmente huevos blandos), un dulce al estilo de las yemas de Santa Teresa, típico de Avila. Elaborado con yemas de huevo, azúcar y agua, es un alimento muy energético, que fue aprovechado por las monjas en el tratamiento de enfermos, ya que la mayoría de las enfermedades de la época tenían su origen en una alimentación deficiente. En este paraíso portugués de dulces, también hay que probar el delicioso “Palha Abrantes” , los ricos “pasteles de nata” del lisboeta barrio de Belém, la maravillosa pasta de almendras del Algarve,  el merengue molotov, el folhar de Olhao, el “Pão de Rala” de Évora, hecho de dulce de calabaza envuelto en pasta de almendras o el postre que identifica a la localidad de Lagos, en el Algarve,  el Don Rodrigo, auténtico y original,  hecho de higos y almendras.  Ah, y en Lisboa hay que visitar Casa Brasileira (Augusta, 267) siempre con gente agolpada ante el escaparate y dispuesta a disfrutar de sus Sonhos de abóbara, pingos de tocha, queijinhos de huevo, pasteles de nata, queijadas de Évora, viriatos de tent y esas manzanas asadas con massa folhadas.

 Casa Brasileira. R. Augusta, 267. Lisboa

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