Etiquetas

lunes, 19 de agosto de 2013

Sagres, surfero, hippie y con playas espectaculares, en uno de los extremos de Europa





Sagres es el sitio ideal para hacer vida tranquila, con su ambiente surfero, algo hippie y relajado, sus buenos restaurantes y sus espectaculares playas casi siempre azotadas por el viento. En su impresionante Fortaleza, que puede visitarse, se formaron navegantes que abrieron rutas por el Nuevo Mundo y todavía hoy el cabo de San Vicente, a solo 5 kilómetros, despide a los muchos barcos que abandonan Europa para surcar hacia América. Tiene imponentes acantilados, playas semidesiertas incluso en verano, hoteles de lujo como el premiado Martinhal- u otros muchísimo más baratos- y unos pocos estupendos locales para probar su gastronomía, para todos los gustos y bolsillos. Desde allí se pueden visitar las islas de Martinhal, jugar con delfines que viven a pocas millas de la costa de Vila do Bispo o recorrer los pasadizos por los que huían los piratas con los tesoros arrebatados a las naves que surcaban los mares de la zona. Cerca hay menhires prehistóricos, yacimientos romanos y necrópolis de la Edad de Bronce. Pero lo que enamora de esta localidad portuguesa de la Costa Vicentina son, sin duda, Mareta, Tonel, Martinhal y Beliche, sus playas maravillosas. Mareta es la más protegida del viento, está en el pueblo, tiene hamacas, duchas y dos agradables restaurantes para comer en ella : Raposo  y O Telheiro do Infante.  Tonel es la preferida por los surferos, está junto a la Fortaleza y es la más castigada por el viento. Beliche es mi preferida, llena de cuevas y con un precioso y reconfortante chiringuito al llegar, después de haber bajado 168 escalones, algunos de ellos muy empinados. Y a Martinhal, aunque practicamente está copada por el impresionante hotel del mismo nombre, merece la pena ir para tomar una amarginha en su bar mientras cae la tarde. 
Hay muchos alojamientos de todos los precios. El Mareta View o el Pontalaia son estupendos, bien equipados, cómodos y limpios sobre todo si tienes perro como es mi caso. Y fuera de temporada es fácil encontrar buenos precios que se disparan en verano. Además, aunque no es novedad porque en Portugal se come  en general estupendamente, en Sagres hay platos autóctonos que no hay que dejar de probar como la massa de peixes, una especie de cazuela de fideos con pescado que bordan en A Tascao la morena frita.
Este es uno de los restaurantes más bonitos del pueblo, con vistas al puerto de Baleeira, con un servicio estupendo y raciones generosas. Y por supuesto, no hay que abandonar Sagres sin probar sus famosos percebes (un buen plato de 300 gramos te sale por unos 10 euros) y claro mejor si están acompañados por un vino Alvarihno o verde. Tampoco hay que perderse sus arroces de linguerao (navajas), polvo (pulpo) o marisco.
En este tramo entre el Algarve y el Alentejo portugés es fácil hacerse la ilusión de que poco o nada ha cambiado en los últimos años ya que es un lugar que conserva su espíritu de libertad y su luminosidad, con sus casas blancas y a veces desconchadas y su costa salvaje como del fin del mundo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario