Etiquetas

viernes, 24 de febrero de 2012

La Habana, historia, arquitectura colonial....y helados de Coppelia


Hay que pasear por La Habana vieja para conocerla y disfrutarla, descubrir a sus gentes y su arquitectura que te transporta s siglos pasados. El casco antiguo es donde unicamente se han restaurado algunos edificios así que son los que se encuentran en mejores condiciones de la ciudad y se tarda varios días en recorrerlo y saborearlo, sobre todo si consigues que te dejen las innumerables personas que te preguntan la hora para inmediatamente después intentar venderte algo o convertirse en tu guía.
En esta zona está casi todo lo que hay que ver en la capital cubana :  el Castillo de la Real Fuerza, el Castillo de San Salvador de La Punta, Las Murallas, la Plaza de Armas, la Plaza de la Catedral, la Plaza de San Francisco, la Plaza del Cristo, la Plaza Vieja, la Fuente de la India, la Fuente de Neptuno, el Monumento al General Máximo Gómez, la Alameda de Paula, la Avenida del Puerto, la Calle Obispo, el Paseo del Prado, la Catedral de La Habana, el Hotel Inglaterra, el Gran Teatro de La Habana, el Capitolio que es el segundo punto más alto de la ciudad, El Templete....y también otros sitios más lúdicos que hay que visitar como "La Bodeguita del medio"- donde todo el que pone un pie por primera vez en la isla está obligado a tomarse, mínimo, un mojito en la barra donde algunos insinuan que se 'inventó' esta bebida- o la Fábrica de Partagás-donde los fanáticos del tabaco no sólo aprenderán el proceso de elaboración que se requiere para un habano, también encontrarán una variedad extensa de marcas a buen precio-. Y también desde allí se llega al famosísimo malecón, tan recordao en canciones y libros, un paseo de casi 7 kilómetros repleto día y noche de turistas y habaneros. La Habana vieja fue declarada en 1982 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y es una de las mayores manifestaciones del arte colonial americano con increibles balcones, patios internos, rejas, aljibes y mosaicos de dibujos  que llena las estrechas calles y plazas. Y si estás paseando por La Habana y sientes calor, no hay nada más que acudir a tomar un helado de Coppelia, la que allí llamaban la Catedral del helado, ubicada en la esquina de las calles 23 y L del barrio del Vedado.
A los cubanos les encantan los helados, solo, con tarta, con hielo, con sirope, que toman durante todo el año debido al clima cuya media anual es de 30 grados. Coppelia se abrió en 1966 , en la actualidad está abierta las 24 horas y tiene un salón de espera para turistas extranjeros mientras que los cubanos tienen que hacer largas colas para poder comprar un helado. Para los habaneros, después de una espera a la intemperie que puede durar dos horas o más, el helado se transforma en una cosa que ellos llaman “bola raspada” es decir, una bola de helado vacía por dentro, en el sabor que esté disponible (difícilmente habrán opciones, casi siempre disponen de un solo sabor) o, su versión más temida: el rescoldo del bote de helado, que significa una bola de helado con hielo picado.
El local está dividido en dos zonas: la heladería para turistas, en la que pagas en pesos convertibles, y la heladería para las y los habaneros, donde se paga en pesos cubanos. Antes, este amplio espacio había sido un centro recreativo llamado Nocturnal y un pabellón de turismo. En 1966, a propósito de la celebración de un congreso internacional en el hotel Habana Libre, situado en la esquina opuesta, Fidel Castro, gran amante de los helados, decidió erigir Coppelia, cuyo nombre e imagen -las piernas de una bailarina- rinden homenaje a una de las grandes representaciones del Ballet Nacional de Cuba. Con la llegada del conocido como “período especial”, una larga crisis económica , el helado se convirtió en un lujo. En esos años duros, la heladería llegó a trabajar un par de horas al día. Había sólo dos o tres sabores y por falta de leche, el helado era aguado e insípido. Aún en la actualidad, según cuentan los habaneros, la heladería no es ni sombra de lo que fue en el pasado pero nunca faltan las largas colas de turistas, caminantes, jineteras, camareros, trabajadores, travestis, estudiantes y todo tipo de personas que han convertido en una costumbre acabar en Coppelia. Actualmente quedan muy pocos de los "26 sabores" originales que ofrecía Coppelia en 1966 y el producto es de mala calidad, aunque los turistas tenemos la suerte de adquirir los helados de mejor calidad que los que prueban los nativos. El lugar está sucio, la atención al público es deficiente y la lentitud del servicio hace que las colas sean interminables. A pesar de todo merece la pena acercarse, ver el impresionante edificio y rememorar escenas de la popular "Fresa y chocolate", la pelicula de Gutierrez Alea. Ah y antes de dejar el barrio de Vedado hay que visitar el Hotel Nacional, cargado de historia, no sólo por hechos acontecidos en el mismo, sino por la cantidad de personalidades internacionales que se han alojado en sus habitaciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario