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miércoles, 29 de febrero de 2012

Quinta das Andorinhas, casas rurales románticas y restauradas para recorrer el Algarve portugués y la Costa Vicentina

A 100 kilómetros de Faro, en dirección a Sines, hay un sitio fantástico en el sudoeste de Portugal para relajarse y disfrutar de un maravilloso entorno, en pleno campo, a 5 kilómetros de la playa y a 10 del municipio de Aljezur. Se trata de la Quinta das Andorinhas, un lugar perfecto y romántico para explorar la Costa Vicentina de playas vírgenes, pueblos blancos y azules y paisajes extraordinarios.
Una pareja René y Silvie han restaurado y decorado cuatro hermosas casas de campo , agrupadas de dos en dos, con piscina la vivienda Do Monte-situada en una colina con unas impresionantes vistas- y A  Cavaleriça y con ducha Casa Luna y Casa Sol, que son casas rurales portuguesas que han sido reformadas al estilo tradicional, con calefacción y chimenea, una acogedora terraza y barbacoa. Cada casa tiene dos amplios dormitorios, salón, dos baños confortables y puede albergar hasta 5 personas. También está la Casa Rochinha, un caserón de dos plantas con entrada independiente a cada una de ellas, con cuatro dormitorios, baños y un enorme jardín. Por la zona solo se oye el croar de las ranas cuando cae la noche y al pasear te puedes cruzar con caballos, ganado y unos pocos vecinos de las cortijadas próximas. Este alojamiento encantador está donde acaba la región del Algarve y empieza la Costa Vicentina, kilómetros y kilómetros de hermosas playas casi vírgenes y donde disfrutan de muchas horas de sol. Es una zona no muy explotada por el turismo, entre Lagos, el Cabo de San Vicente, la playa de Bordeira y la Sierra de Monchique, ideal para pasear, montar en bicicleta y tomar el sol, ya que en verano rara vez se superan los 30 grados, hacer senderismo, natación, vela, pesca o deportes acuáticos. Desde el momento en que entras te sientes como en casa. René y Silvie te dan la llave del alojamiento que hayas alquilado y sientes como que estás en tu hogar. Ah, admiten mascotas que además tienen allí el sitio perfecto para disfrutar.

Contacto: René&Silvie Trippaers-Dirkx
renesilvie@iol.pt
Tel. 00351915211061.

martes, 28 de febrero de 2012

Zambujeira do Mar, una aldea de pescadores en una costa increible, en el Alentejo (Portugal)

Zambujeira do Mar, es un hermoso pueblo de pescadores situado sobre un acantilado, limpio, cuidado y con unas casas preciosas, que está mirando al atlántico, en pleno parque natural del  Sudoeste Alentejano e Costa Vicentina, en Portugal.
Destacan sus playas, como la de Nossa Senhora, Tonel, Arquinha o Alterinhos y en el municipio se respira tranquilidad en todos sus rincones a pesar de que vive del turismo en verano. Las playas de Zambujeira do Mar están rodeadas de altos acantilados que ofrecen excelentes vistas de la costa y el océano. Una de las más conocidas es la Do Brejâo que es también llamada Playa de Amália en honor a Amália Rodrigues, la famosa cantante de fados que pasaba largas temporadas en el lugar. Llena de barcos de pescadores Playa de Amália es un lugar excelente para la pesca submarina. La playa de Alteirinhos es una de las más famosas de Portugal tanto por su indiscutible belleza, como por el hecho de que la parte sur es una de las escasísimas playas del país en las que se permite la práctica del nudismo. El nudismo en Portugal no goza del mismo nivel de aceptación que el nudismo en España, pero la policía, salvo que haya denuncia, suele hacer bastante la vista gorda. Zambujeira es una freigesía del concelho de Odemira y es famosa también  por el Festival de Música do Sudoeste que alberga cada verano y que reúne a centenares de jóvenes. Esta aldea ha sabido mantener el encanto y es conocida como la "Nazaré alentejana". Una de las principales atracciones de esta comarca portuguesa es su gastronomía: sus mariscos, pescados frescos,  quesos y embutidos y sus platos como la feijoada -judias- con sepia o chocos. Degustar un cordero, un cabrito lechal, una mariscada, acompañada por un vino de Beja es imprescindible si visitas el Alentejo. Para llegar a la aldea tienes que atravesar una carretera boscosas que huele a lavanda y a romero y cuando llegas hay que hacer una parada obligatoria para descansar y mirar las vistas desde el mirador de la iglesia.
Ver atardecer en la pequeña playa de Zambujeira do Mar y subir al pueblo a cenar en alguna de sus terrazas es uno de los mayores placeres que se pueden disfrutar en la zona. Pero esto no es todo, queda una escapada por la carretera que bordea el Atlántico hasta el Cabo Sardào con las famosas cigüeñas marinas que, en vez de en campanarios, construyen sus nidos en altísimas agujas de piedra que surgen del océano a tiro de piedra de los acantilados de la costa, ofreciéndo una estampa única y algo surrealista. Y poco más al norte, un último apunte. Hay que ir a Vila Nova de Milfontes. Sería un delito estar tan cerca y perderse los campos que la rodean, el estuario del Río Mira y su magnífica playa. O también desde Zambujeira do Mar conducir por la N-120, para encontrar las localidades de Aljezur, Rogil y Odeceixe y otros pequeños pueblos que se suceden durante 20 kilómetros, siempre con la perspectiva cercana de la costa y la certeza de encontrar playas y acantilados aun más increíbles que los que acabas de ver. El Alentejo se extiende hacia el sur del Tajo y hacia el Algarve. Tiene campos de trigo, olivos y viñedos, así como castillos como el de Marvao o ciudades históricas como Evora o Beja.

Carrapateira, Bordeira, Odeceixe, en la Costa Vicentina de Portugal, entre las mejores playas de la península

Justo donde acaba el Algarve empieza la Costa Vicentina portuguesa en la que están algunas de las mejores playas de la península: Bordeira, Praia Amado en Carrapateira, Odeceixe...son playas espectaculares, de viento, abiertas al Atlántico, un paraiso para practicar el surf. Pertenecen a Aljezur, un pequeño municipio rodeado de serranías y tierras de cultivo que está a 110 kilómetros de Faro y a unos 250 de Lisboa, que tiene una costa de más de 40 kilómetros. Monte Clérigo y Arrifana son también extensos arenales rodean pequeñas bahías; en Alfambra se practica nudismo tolerado al igual que en Bordeira, una preciosa playa de aguas cristalinas en las que desemboca un riachuelo haciendo meandros, y mención aparte merece Playa Amado, un lugar que alberga pruebas internacionales de surf y bodyguard. Sobre el acantilado de Playa Amado hay un restaurante Sitio do Forno, que tiene comida a buen precio con unas vistas impresionantes.

Bordeira y Praia Amado tienen además pequeños miradores desde donde contemplar la propia playa y el Atlántico. Todas son amplias, aunque también hay pequeñas y encantadoras calas, playas de arena dorada, abiertas al mar y a las olas, vigiladas por impresionantes acantilados y, sobre todo, playas absolutamente vírgenes, sin otro edificio que pequeños chiringuitos de madera o, todo lo más, la caseta de una escuela de surf, también de madera. Estos parajes atraen cada año a cientos de aficionados al surf, que llegan en furgonetas y caravanas, en busca de la ola perfecta. Kilómetros de playa desierta sin rastro de torres de apartamentos u hoteles, sólo mar, cielo y naturaleza, ese es el gran tesoro de la costa de Aljezur. Un poco más arriba de Aljezur, en dirección a Sines, está Odeceixe es una freguesía que  se extiende a orillas del Seixe, que a su vez constituye la frontera con el Alentejo. Precisamente por su ubicación Odeceixe tiene playas fluviales y marítimas que son muy familiares.
Dicen que durante la marea baja es aconsejable tener mucho cuidado en la playa de Odeceixe por las  peligrosas corrientes que se forman en ambos extremos. En el extremo sur de la playa hay una ensenada a la que se puede llegar durante la bajamar, es la llamada Playa da Ageda. No hay que dejar la Costa sin probar los percebes que tienen fama a unos precios increibles (10 euros un plato de 300 gramos, que es una buena cantidad), el pulpo frito al ajillo, los mejillones o las lulas (calamares) a la plancha, regados con un buen vino blanco Montaria del Alentejo, en el restaurante que hay en la plaza del pequeño pueblo de Carrapateira. Los precios son alucinantes y la gente encantadora.

viernes, 24 de febrero de 2012

La Habana, historia, arquitectura colonial....y helados de Coppelia


Hay que pasear por La Habana vieja para conocerla y disfrutarla, descubrir a sus gentes y su arquitectura que te transporta s siglos pasados. El casco antiguo es donde unicamente se han restaurado algunos edificios así que son los que se encuentran en mejores condiciones de la ciudad y se tarda varios días en recorrerlo y saborearlo, sobre todo si consigues que te dejen las innumerables personas que te preguntan la hora para inmediatamente después intentar venderte algo o convertirse en tu guía.
En esta zona está casi todo lo que hay que ver en la capital cubana :  el Castillo de la Real Fuerza, el Castillo de San Salvador de La Punta, Las Murallas, la Plaza de Armas, la Plaza de la Catedral, la Plaza de San Francisco, la Plaza del Cristo, la Plaza Vieja, la Fuente de la India, la Fuente de Neptuno, el Monumento al General Máximo Gómez, la Alameda de Paula, la Avenida del Puerto, la Calle Obispo, el Paseo del Prado, la Catedral de La Habana, el Hotel Inglaterra, el Gran Teatro de La Habana, el Capitolio que es el segundo punto más alto de la ciudad, El Templete....y también otros sitios más lúdicos que hay que visitar como "La Bodeguita del medio"- donde todo el que pone un pie por primera vez en la isla está obligado a tomarse, mínimo, un mojito en la barra donde algunos insinuan que se 'inventó' esta bebida- o la Fábrica de Partagás-donde los fanáticos del tabaco no sólo aprenderán el proceso de elaboración que se requiere para un habano, también encontrarán una variedad extensa de marcas a buen precio-. Y también desde allí se llega al famosísimo malecón, tan recordao en canciones y libros, un paseo de casi 7 kilómetros repleto día y noche de turistas y habaneros. La Habana vieja fue declarada en 1982 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y es una de las mayores manifestaciones del arte colonial americano con increibles balcones, patios internos, rejas, aljibes y mosaicos de dibujos  que llena las estrechas calles y plazas. Y si estás paseando por La Habana y sientes calor, no hay nada más que acudir a tomar un helado de Coppelia, la que allí llamaban la Catedral del helado, ubicada en la esquina de las calles 23 y L del barrio del Vedado.
A los cubanos les encantan los helados, solo, con tarta, con hielo, con sirope, que toman durante todo el año debido al clima cuya media anual es de 30 grados. Coppelia se abrió en 1966 , en la actualidad está abierta las 24 horas y tiene un salón de espera para turistas extranjeros mientras que los cubanos tienen que hacer largas colas para poder comprar un helado. Para los habaneros, después de una espera a la intemperie que puede durar dos horas o más, el helado se transforma en una cosa que ellos llaman “bola raspada” es decir, una bola de helado vacía por dentro, en el sabor que esté disponible (difícilmente habrán opciones, casi siempre disponen de un solo sabor) o, su versión más temida: el rescoldo del bote de helado, que significa una bola de helado con hielo picado.
El local está dividido en dos zonas: la heladería para turistas, en la que pagas en pesos convertibles, y la heladería para las y los habaneros, donde se paga en pesos cubanos. Antes, este amplio espacio había sido un centro recreativo llamado Nocturnal y un pabellón de turismo. En 1966, a propósito de la celebración de un congreso internacional en el hotel Habana Libre, situado en la esquina opuesta, Fidel Castro, gran amante de los helados, decidió erigir Coppelia, cuyo nombre e imagen -las piernas de una bailarina- rinden homenaje a una de las grandes representaciones del Ballet Nacional de Cuba. Con la llegada del conocido como “período especial”, una larga crisis económica , el helado se convirtió en un lujo. En esos años duros, la heladería llegó a trabajar un par de horas al día. Había sólo dos o tres sabores y por falta de leche, el helado era aguado e insípido. Aún en la actualidad, según cuentan los habaneros, la heladería no es ni sombra de lo que fue en el pasado pero nunca faltan las largas colas de turistas, caminantes, jineteras, camareros, trabajadores, travestis, estudiantes y todo tipo de personas que han convertido en una costumbre acabar en Coppelia. Actualmente quedan muy pocos de los "26 sabores" originales que ofrecía Coppelia en 1966 y el producto es de mala calidad, aunque los turistas tenemos la suerte de adquirir los helados de mejor calidad que los que prueban los nativos. El lugar está sucio, la atención al público es deficiente y la lentitud del servicio hace que las colas sean interminables. A pesar de todo merece la pena acercarse, ver el impresionante edificio y rememorar escenas de la popular "Fresa y chocolate", la pelicula de Gutierrez Alea. Ah y antes de dejar el barrio de Vedado hay que visitar el Hotel Nacional, cargado de historia, no sólo por hechos acontecidos en el mismo, sino por la cantidad de personalidades internacionales que se han alojado en sus habitaciones.

domingo, 19 de febrero de 2012

La personalidad de las tapas de Simún Vintage, en el centro de Sevilla

Simún Vintage ha abierto sus puertas en una pequeña calle del centro de Sevilla y ha dejado la Avenida de Hytasa donde sus propietarios adquirieron fama gracias al boca a boca y a una cocina con personalidad. En la calle San Felipe, junto a la Plaza de la Encarnación y el popular bar de cervezas El Tremendo, este nuevo local mantiene el estilo que les ha dado a conocer y están exquisitos su wok de presa ibérica con fideos (noodles) de arroz fritos, el ravioli de pollo con bechamel de hierbabuena o el calamar a la plancha con tinta y ajoblanco, aunque una de las especialidades es la ropa vieja que lleva carne, patatas y huevos.
Tiene una amplia barra en forma de ele con taburetes y alguna mesa alta junto a las ventanas y por otro lado una zona separada para restaurante, con mesas y sillas de hierro forjado y asientos de enea. Simún Vintage tiene una corta pero buena selección de vinos por copas (de Aragón, Ronda, Valencia...) y pocos pero ricos postres como la galleta con natillas y chocolate, aunque quizás sean lomás flojo del gastrobar. El servicio es cordial y atento para hacerte sentir cómodo y los precios son buenos para la calidad que dan aunque algo más caros que los del antiguo Simún Tapas. Como en aquel la decoración del local no es lo más destacado porque e este bar se va a comer bien y eso si se consigue así que, una vez que se han trasladado al centro de Sevilla, ya no hay excusa para no probar la cocina de Pablo Jiménez, uno de las mentes pensantes del Simún así como una de las manos diestras de sus fogones,  un sevillano criado gastronomicamente a la sombra del Kursaal de Martín Berasategui.


jueves, 16 de febrero de 2012

Fine Tempo, el tinto "señorito" de Cádiz

Dicen de él sus creadores que es un vino señorito porque ha descansado toda su vida en cuevas de Zahara de la Sierra y eso se nota. Fine Tempo es un vino gaditano con aromas a mermelada de frutos rojos, manzanilla, plantas florales, algarroba y clavo. Está hecho de uvas cabernet sauvignon, petit verdot y syrah plantadas en la finca Las Covatillas de Zahara de la Sierra, y tiene personalidad aunque es practicamente desconocido todavía fuera de la provincia de Cádiz. Su impulsor es Luis Lucero quién junto a  Miguel Gómez, un joven enólogo nacido en San Fernando y formado en la Universidad de Cádiz, parece que ha comenzado a producir su vino soñado en su bodega en pleno Parque Natural de Grazalema. Una singularidad de Fine Tempo es su bodega de crianza, una pequeña cueva natural donde reposan una docena de barricas, cada una de un roble diferente y de una edad diferente, con lo mejor de cada añada. La producción anual no supera las 3.000 botellas a pesar de lo cual este vino ya ha empezado a recibir premios. Hace dos años se hizo con una de las medallas de plata del concurso Iberwine 2010, celebrado en Madrid. Lo venden en distintos sitios de Cádiz pero también se puede comprar on line en la tienda de productos de Cádiz Terra Habitare.

Brettos, un bar popular y colorista en el corazón de Plaka, en Atenas

Los destellos de los cristales coloreados de las botellas de Brettos dan un peculiar encanto a este bar inconfundible del barrio de Plaka, en Atenas. Se trata de la destilería más antigua de la capital de Grecia, que data de 1909 y que empezó produciendo el típico ouzo y licores de sabores típicos de entonces como el pepermint o la cereza con recetas que llevaron desde Izmir o Esmirna, en Turquía. Después de más de un siglo, Brettos sigue siendo un lugar ideal para tomarse una copa al salir del trabajo, cuando haces turismo en Atenas o antes de ir a dormir. Tienen además una enorme selección de vinos, personal amable y precios a la altura. Eso sí, el local es pequeño , alrededor de la barra tiene unos 15 taburetes, y por las noches se llena así que interesa no ir muy tarde porque además está abierto casi todo el día, desde las 10 hasta las 3 de la madrugada. Además de tomar una copa puedes comprar una botella y llevártela a casa o para hacer un regalo y también tienen a la venta aceites griegos. El local está a 400 metros de la parada de metro Acrópolis y a 800 metros del metro de Syntagma.
Recientemente han abierto, en el mismo barrio,al otro lado de la Plaza de Plaka, la Taberna Brettos Ouzo, hermana pequeña de la tradicional donde se pueden degustar pescados, mariscos y recetas clásicas de la gastronomía griega así como unos mezze-aperitivos- increibles acompañados de un ouzu. Pláka es el barrio más antiguo de Atenas, con muchas de sus calles cerradas al tráfico y llenas de restaurantes, tiendas para turistas, cafés, vendedoras de flores y músicos ambulantes. Brettos posee una de las mejores cartas de vinos de la ciudad, personal amable y precios a la altura. Cuando su fundador dejó de dar a basto en el local dada la fuerte demanda de licores, trasladó la destilería a otra zona y dejando Brettos como licorería y bar donde tanto turistas como locales pueden probar y adquirir casi cualquier tipo de licor. Actualmente continúa sirviendo Ouzo, Brandys, y 25 tipos distintos de Licores, además de vinos. Un sitio interesante donde igual te puedes tomar una copa que comprarte la botella para llevártela de recuerdo o de regalo.
Brettos Bar.Kydathineon, 41 Plaka